Empieza de nuevo ese punteo. Lo que duran dos peces de hielo en un -whisky on the rocks-. Como un perro de nadie, me mareo. El corazón en los huesos, y yo de rodillas.
Algún día te vas a ir, como este zumbido, que me atrofia, a las cuatro de la mañana. ¿Que haces?, ¿en que andas ahora?, ¿se supone debo imaginar que hoy es viernes, y tu nombre duele más un poco?.
Sos el tango, Buenos Aires. Me abandonaste. Me dejaste quieto ahí en tu casa, en tu cama, tres días. Mala. Incierta. No te animaste a venir a decirme, y eso que yo te dije hasta lo que no sabía.
Cambia la canción, sigue ese zumbido inhóspito. Como te sigo una co, te digo la otra. Jesús, el primer comunista.
Chau adiós, Montevideo. Tan querida y tan lejana.
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Dedos en teclas y corazón en el pecho: ¡Vuele!, ¡diga pues!