jueves, 4 de diciembre de 2014

templeom

Creo que al fin si, por lo menos por ahora. Esas ganas vienen a mí. Ya no de salir corriendo a tu casa, a tu colchón, por más que suene raro escribirlo. ¿Será que cuando vuelva del bar me arrepienta de eso?.

Al fin, eso. Ese punto donde olvide mis lentes, y ya ni siquiera me pregunto donde buscarlos. Esos dedos que se mueven en solos y de repente ya saben dónde ponerse, y que letra escribir. Esa cosa que viene de arriba y no procesa, no mira.

Mi hermana se despertó,  no sé si pude predecir eso. Me imaginé que tal vez durmiera, y yo no apretara tantas teclas al mismo tiempo. Fuiste, lo sé. Esa luna que alumbra camino ya no te dice, no te trae. Igual la miro poco, todavía. No vaya a ser cosa que te traiga de golpe, y me tumbe. De nuevo.

Voy y vengo de a ratos en ese viaje -¿esculinario?-. Un tipo que llego de camisa y cantando murga, con barba blanca, saludando perros. Diciendo el estado que declaraba, que se dejaba ser. Queriendo olvidar esa sonrisa en dos ruedas que se fue al cielo, creo. ¿Habrá decidido ella misma?, ¿o se la llevaron, sin preguntar?. No tengo las cuentas bien claras, sé que de repente debo diez, a alguien.

Esa guiñada que llego en el medio de una charla iluso, de un corazón divitorio.

Puedo seguir, puedo explayar, Puedo tocar hasta que se acalambren las manos, como ya lo he hecho.

Ahora prefiero partir, y dormir algún día. Eso que me hacía falta mientras no llegabas, y yo veo eso momento que quizá soñé, y es ahora.

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Dedos en teclas y corazón en el pecho: ¡Vuele!, ¡diga pues!