Todo cambia y florece y se abomba. Todavía no puedo dormir, ¿será que tenía que hacer esto ahora?. Quizá unos cinco minutos que ya no estás, te escapaste, de nuevo. Suerte que ya la luna no me dice tu nombre, ni mis letras te traen tanto.
Vuelvo a casa, estoy. Veo a los míos, felices, contentos. Vuelvo y como dijo algún filósofo griego nunca el río es el mismo, ni uno. Todo fluye, constantemente. Vuelvo con canciones, letras, melodías, con paz. Más todavía. Vuelvo con encuentros, hermanos. Vuelvo con personas que juntan varios nombres, y varias facetas. Vuelvo un poco más yo todavía.
Que dicen estoy sólo siempre por vos dice Mateo, que de seguro luego diga -uh, que macana, sabes bien que muero pensando en ti, que mi vida es nada sin ti-; ese disco de este tipo que sólo bien se lame, que tanto me ayudo esos días cuando el vino era anestesia, el sonido virtual del mar a dormir me ayudaba, y cada ruido de llaves o pasos por la escalera me despertaban, de un sueño liviano, muy liviano. El valor para irme, eso es lo que junte. Las ganas de escucharme, y aceptar lo que ya sabía, que incluso me dije cuando volvía a entrar a esa ciudad por segunda vez, en ese estado de casi éxtasis confuso.
Esa vez en la que escape a correr, y sin rumbo cierto al dar cuenta termino en la estación de trenes, ¿me tengo que ir?, le pregunté al cielo de Córdoba que se dejaba ver con todas las estrellas que las luces no apagaban -ya entendí, no me digas nada- dije al instante. Y obstinado me quedé. Por sentir tus ojos, a vos toda entera. Para sólo tener un poco más de eso que al final, no apareció. Como vos. Por tres días. -Que pena que no me duela tu nombre ahora, que pena que no me duela el dolor. Alfredo y sus penas, sus Zambas por vos que todavía un poco te lloran. Son tipos que aman, que se atreven. Ahí en el pozo de la desidia germinan ganas de crear, ahí reconocernos es suficiente, es empezar a cambiarnos, dice un pelado que se reconoce como un ladrón.
Kamikaze, y este corrector lo subraya. -Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro- dice un flaco sub-realista que nunca escucho, y hoy viene llegando, a través de vos. Que tenés una y mil caras, ¿te lo dije ya?, si claro. Creo. Me traes nombres, de esos que fueron pasando y quizá hoy me de cuenta de cuanta cosa dejaron. Paula, Juliana, Sofía. Tu inocencia, tus ganas de amar y ser amada. Ese amor que me diste, cuando casi era luna llena, y no entraste al Paraná. Fumamos, tomamos vino. Todo amor. Letras, palabras, poesía. Escribiste. Siempre, siempre. Dejaste palabras que marcaron, me sorprendieron.
Suenan los grillos, y el río secará para callar.
Un poco de Flavia tal vez, algo de Eliana, y todo de vos. Ese caminar suave, reconociendo la arena, explorando tanto el lugar como a vos misma. Que te vas conociendo, y sos una bomba de energía a punto de salir a descubrir el mundo, y a vos misma. A ver si eso que sentís es cierto, si se puede.
Apago la luz. Cada vez mis ojos me piden menos fuego artificial, y más sol. Mi cuerpo. Que me despierta a las cuatro y media de la mañana, y me hace andar. Ver salir el sol, despertar todo mi cuerpo, adentro y afuera. Mañanas de tocar la tierra con las manos y los pies, plantar lo que como, de música con hermanos. De verme a mi, como podría ser en años, en otros cuerpos, en otras formas. Ver lo que decía que quería ser cuando fuese grande, yo que todavía sigo siendo un niño.
Vos fuiste cambiando en la noche. La luna, a una noche de ser llena, te fue iluminando y vos te desarmabas de a poco, liberabas, te dejabas ser. El humo se corría para mostrarme todos tus rostros. Tus gestos. Me traías tanto, que no sé. Seguro te conozco, de algún lado. De otro tiempo. De una vida cerca, anterior, o de la que viene. Seguro nos volvamos a encontrar, seguro. A veces pienso cuan libre serás cuando vuelva a verte, cuantas cosas que morís por ver ahora te encontraste, y te convenciste, de que salir era lo mejor que había.
Viene ahora esa necesidad de etiquetar, de poner nombre, porque parece que quiero salirme, y no sé si quiero. Eso que alguien le dijo al enano que cada vez que se siente a escribir valga la pena, y quizá eso sea lo que ahora me detenga. Ya dejé lo que hoy quería salir afuera, que ahora me va a seguir sonando, y van a seguir cayendo las frases, las letras, las melodías. Todo el amor. Que hace de cada día un mundo nuevo por descubrir, por andar, que agradezco al terminar, porque trae todo lo que es bueno, todo lo que necesito, para sentir esa sensación de completo. Esa sensación de éxtasis, que me acompaña al dormir. Y me mete en sueños, y me hace despertar en ellos, y volar.
Así como Elías y ese encuentro que los dos necesitábamos, días de gracia, de gracias. De amor. De dos hermanos que buscan y se buscan. Que quieren, Como vos, como yo, como todos.
¿Cómo flaco, no te entendí?.
Trepen a los techos, ya llega la aurora.
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