Froto mis manos, respiro. Me acomodo. Me rasco un poco,
mientras siguen cayendo letras. Desde que salí de allá, de casa. Hoy manejé,
mucho, pero bueno. Tengo ese té verde
vida, mixto, con algo de miel, con todo de sol. El cuerpo me pide ir a dormir
desde hace dos días, yo no he parado. Que un lado otro, hermanos de sangre, de
vida. De todas partes vienen. Canciones, dibujos, todo. Hasta yo, vengo, voy.
Parto hacia mí, y no hacia ti.
Montevideo, veintitrés. Te escribí un poema. Los nombres de
las calles me dicen a veces que lugares visitar, donde voy. Yo me dejo llevar, floto. ¡¿Por
qué habría de hacer otra cosa?!
Saliste con una mochila cargada de sueños, de vida. De
ilusión. De vos. Saliste tan tuya, como fuiste mía, aquella noche de casi luna
llena. Siempre. Y eso que tus tantas caras me dicen a quien le tengo que
hablar, cuando te vea te explico. Hablaremos horas, lo sé. Iremos a comprar vino,
fumaremos el tiempo, nos vamos a sentar escuchando el mar, con los pies en la
arena. Quizá si la próxima vez, veremos la luna llena juntos.
Orión está en todos lados, nos miramos. Me sigue. Desde el Amazonas,
hasta Bolivia, o en mi casa. El tipo da vueltas, se zambulle, baila, como
todos.
Pienso en vos también, que de casualidad estás volviendo.
Vos que me diste espacios en blancos, que lleno de letras y tinta. Cuando me
busco, o quiero seguir en pleno vuelo. En que capaz me quieres un poco, y que tienes
que sacarte ese peso de la espalda. Como todos. Reías, con tus grandes dientes, tus ojos así,
tu pelo corto. Reías y suspirabas por mi estado. Mi impecable deplorencia, ¿o
deploralidad?. Las palabras inventadas suenan lindo. Así como tu voz.
Viajo en este universo binario que escribe con unos, con
ceros. No escribe de unos, sino de mí. De eso sí que sabe, y agatas. Lunfardo,
viejo y querido. Apenas sabe de mí, con penas que nunca existen y las acepto.
Ahí vuelan, y se convierten en luz, en materia, en aprendizaje. Me metí en esa
facultad de psicología, escuche palabras raras, poemas, cuentos. Me di cuenta
que sí, como ahora, como hace un rato, y reí. Río, río, y río. Nada mejor que
hacer. Estimula, acompaña.
Cambiar la mirada de esos ojos por la apariencia. Que de
temor se afligen, y quizá luego entiendan que es sólo mirar a otros pares, y
amar. Sólo eso.
Se palpa ese viaje que viene, y me hace sentir cosas, que ya
veré luego.
Ahora es tiempo de hacer, de seguir haciendo. Luz, vida.
Comparsa candombe de amor. Jueves. Vino.
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Dedos en teclas y corazón en el pecho: ¡Vuele!, ¡diga pues!