¿Cuantos recuerdos me podés traer, vos?, Que tenés a todas en una, y contigo. Que sos la mirada, el pelo, las manos y el andar, de tantas, tan tuyo. Que hablas, decís y sacas en letras eso que todas tienen, a veces con humo, o vino tinto. Que pedís, querés, buscas, tan a tu forma, siempre a tu alcance.
Vas. Vas, vas, vas. Vas a encontrar ese mundo donde el tiempo no se mide, donde siempre hay aurora. Ese mundo en que todo corre sin riesgo ni disimulo, y la gente ríe, la gente llora. Llora de reír, y de aprender. De saber que todo está bien, si uno de verdad lo quiere.
Ese mundo que no se lamenta, no se queja ni te pregunta tu nombre, un miércoles a las tres de la mañana, en alguna ciudad desconocida. Por suerte. Como las hojas, y esos espacios en blanco por recorrer, ¿que me dirán todos estos árboles?, ¿de donde vinieron?, ¿porque están hoy aquí?, como nosotros, al lado de aquel río, noches de casi luna llena. Ibas cambiado de cuerpo. La luna me mostraba de a poco como eras, y vos, Vos misma. En silencio, con amor.
Dejaste palabras, puntos. Siempre, siempre. Esas breves selecciones tan exactas que tiene el lenguaje para intentar describir que el otro entienda lo que pasa aquí adentro, ahora. O cuando yo te toco, y te siento. Es imposible, con vos, y tus tantos otros nombres, formas y maneras. A veces existe esa tal rapidez que no cuenta, no razona, y sin buscar vienen las palabras que algo puede decir, algo. Algo. ¿Pero y cómo hacerte sentir mi pecho?, si no estás acá. ¿Para que creerte?, si no vas a ser vos, ni tus ojos los que me digan.
martes, 30 de diciembre de 2014
Lo magnífico del caminar - uno
Él venía rápido, ¿y que le iba yo a decir?, si él sabe, no cuenta, no mide. Siente nomás. Venía doblando las curvas pero sin ruedas, a ese caminar trunco y al ritmo. Como hoy en Montevideo, y ayer. Esa ciudad me pide que la camine, y así fue. Pleno Boulevard Artigas, ocho y media de la mañana. Fue doblar en esa esquina, donde los brazos de un histórico se levantan siempre, y llegó el aire del río. Ese del que dicen que es de plata, o algo. Para mí es agua, soy yo. Como esa luna ahora, que mientras caminaba de regreso, me las arreglé para que me quede bien al frente de la mirada, y en esa. Nos fuimos mirando a través de toda es cuadra, en la que saludé a mi vieja casa, ese rancho que ya no tiene techo de paja. Es chapa, metal. Se murió. Ni seco que estuviera. Ya el sol no baja distinto a ese suelo.
Muchas cosas, que llegan, van flotando. Desde hace tres días o más que vengo en un silencio medio raro, misterioso. Hasta conmigo mismo, y de sí. Se acerca otra vez, eso . Esa sensación de que todo anda y todo fluye, que no ha parado, aunque si cuando uno vuelva sólo se agudiza, se vive. Es una ola que se monta todo el día.
Hoy me hablabas de que andabas pidiendo cosas y aparecieran. Vaya que sí, que llega. Es que está tan adentro, que uno ya lo sabe, y se acerca. Esa extraña ley de atracción que mata a la duda con el hecho, y nos seduce, y uno se entrega. Es tan fácil volar, y seguir en el suelo.
Muchas cosas, que llegan, van flotando. Desde hace tres días o más que vengo en un silencio medio raro, misterioso. Hasta conmigo mismo, y de sí. Se acerca otra vez, eso . Esa sensación de que todo anda y todo fluye, que no ha parado, aunque si cuando uno vuelva sólo se agudiza, se vive. Es una ola que se monta todo el día.
Hoy me hablabas de que andabas pidiendo cosas y aparecieran. Vaya que sí, que llega. Es que está tan adentro, que uno ya lo sabe, y se acerca. Esa extraña ley de atracción que mata a la duda con el hecho, y nos seduce, y uno se entrega. Es tan fácil volar, y seguir en el suelo.
jueves, 25 de diciembre de 2014
borrador rrr
Este espacio pide ser llenado. A gritos, a vino. No quiere dolor. Lo usa, lo motiva, lo sanciona. Ya no podes doler, te lo ordeno, ya no quiero acordarme de vos. Como en ese banco de esa plaza entreverada, en pleno centro de Montevideo.
Quiero que te vayas, que camines vos por tu lado, y yo por el mío, capaz algún día otro carnaval nos encuentra. Quiero, quiero: ¿no di cuenta yo que al final no es lo que quiero?, sino lo que sucede, y aceptarlo. Fue así al fin como me aliviaste, así entendí, y conseguí dormir, después de aquellos tres días de espera, mortales.
No sé si todavía recuerde tu voz, creo mi memoria la guardó.
Tu jeito, tu andar. Como venías flotando por entre las mesas aquella noche de Córdoba, de calor, adentro y afuera de tu casa.
De repente soy un niño, bah, siempre. Que ahora espera tu consuelo, y palabras que no cree al leer, ni al escucharlas ya. Fue tanto. Tanto. Tanto dicho y caricia que quedó en el aire, en aquel pozo al que daba nuestra ventana, fue nuestra, si, un tiempo. El tiempo que pude estar ahí, que aguanté. Ya sabíamos los dos, lo que iba a pasar, lo que nos esperaba. El destino de ese amor suelto que tenemos, de a ratos. ¿Cuando te sirve?, que egoísta, si, vos y yo.
Desesperado par de desesperados.
Quiero que te vayas, que camines vos por tu lado, y yo por el mío, capaz algún día otro carnaval nos encuentra. Quiero, quiero: ¿no di cuenta yo que al final no es lo que quiero?, sino lo que sucede, y aceptarlo. Fue así al fin como me aliviaste, así entendí, y conseguí dormir, después de aquellos tres días de espera, mortales.
No sé si todavía recuerde tu voz, creo mi memoria la guardó.
Tu jeito, tu andar. Como venías flotando por entre las mesas aquella noche de Córdoba, de calor, adentro y afuera de tu casa.
De repente soy un niño, bah, siempre. Que ahora espera tu consuelo, y palabras que no cree al leer, ni al escucharlas ya. Fue tanto. Tanto. Tanto dicho y caricia que quedó en el aire, en aquel pozo al que daba nuestra ventana, fue nuestra, si, un tiempo. El tiempo que pude estar ahí, que aguanté. Ya sabíamos los dos, lo que iba a pasar, lo que nos esperaba. El destino de ese amor suelto que tenemos, de a ratos. ¿Cuando te sirve?, que egoísta, si, vos y yo.
Desesperado par de desesperados.
domingo, 21 de diciembre de 2014
Moonlight Sonata
Espera eso, que ahora se aborda, se cumple, se hace. Ese espacio en blanco que quiere ser llenado, que lo pide a gritos. Que mientras venía caminando ahora del club, antes de la plaza, antes de mi casa, y antes del galpón de mi hermano. Antes allá en Montevideo, respirando el mar, o el humo de un bar, Buenos Muchachos. Gracias les dí.
Desde ahí, o antes, se vienen armando estas letras. Vienen haciendo pulsos magnéticos, o algo. En cada paso, cada respiración. A veces baja de golpe y ahí es cuando miro arriba y gracias doy, que entiendo, acepto. Asimilo. Integración: linda palabra se le ocurrió a Matías, en medio de ese plenario inmenso de doce horas, con siesta por medio. Tanto querer, tanto quiebre.
Hoy me preguntó mamá cuando metros cuadrados son, y no dí. Luego desde el caribe me preguntan cuantas libras, y acierto. Busqué, quise. Es que ahí hay algo, y por eso hoy callamos. Acá las once, allá las nueve, te busqué en el mapa. Supimos hablar. Me dijiste de donde, y yo a que. Hablé, hablé, hablé, lloraste. Me diste consuelo, me devolviste un poco de paz. Hay acá en el medio algo tímido que se gestiona, como esa caminata en Humauaca, después de la noche de Tilcara, después de la caminata en Purmamarca, tierra de siete y más colores, antes del adiós, que no existe. Henos aquí, ahora. Vos allá, ella por ahí, una que se mueve y la otra que está a punto. Vaya a saber cuantas, cuantas personalidades albergo, y sin embargo todas en simple comunión, esperanza. Vida cierta que quiere manifestarse, y yo sólo la transito, y la quiero. Porque eso es lo que toco, de lo que se aprende. ¿Para que querer manejar un barco? que ya tiene dirección propia, que ya sabe donde va porque ya estuvo ahí. Arriba, queriendo. Dando, y amar.
Empieza a sonar este loco, aunque viene uno de antes, de abajo, del principio. Por tiempo ¿Habré sido yo?, fuera, o no, es lo mismo. Si al fin somos todos. Por eso pudimos tanto sentir sobre la arena, aquella magia, que hoy se rompe, y se pierde. Esa caminata lunar, el océano crujiendo, nosotros muriendo de amor en la carpa. Deshaciéndonos a pedazos, eso, haciéndonos fuertes. Queriendo. Buscando y riendo, admitiendo que todavía es gratis, y se puede. Siempre, siempre. Claro que sí.
Montevideo, veintitrés. A veces ni miré la hora, días y días y días de vida que se van acumulando y quieren hacerse canción, letra. Quieren salir a seguir viviendo y no apagarse en el olvido, ese lugar que quizá ahora ocupes vos. ¿Que será de mi cuando salgas?, ya sabes que no hago suposiciones.
La alegría de mamá hoy fue ese zapallo. Bah, tres. No existen las casualidades coincidimos mientras trabajábamos eso que es tan nuestro, y tan bien nos hace. La tierra, el alma. Me dijo que nacieron tres, como nosotros, y que todo es así para ella, las flores, sus plantas.
Será que si, se va.. a seguir otro trazo, otro rumbo. A hacerse caso y dormir lo que corresponde, o quizá ir a otro lado, viviendo.
Luz, luces, canciones y miradas. Todo trae este mes que completo se arma, cada día, a cada encuentro. Va a ser mañana otro día, va a ser un ser. A nacer otro, a cada minuto, cada instante.
Desde ahí, o antes, se vienen armando estas letras. Vienen haciendo pulsos magnéticos, o algo. En cada paso, cada respiración. A veces baja de golpe y ahí es cuando miro arriba y gracias doy, que entiendo, acepto. Asimilo. Integración: linda palabra se le ocurrió a Matías, en medio de ese plenario inmenso de doce horas, con siesta por medio. Tanto querer, tanto quiebre.
Hoy me preguntó mamá cuando metros cuadrados son, y no dí. Luego desde el caribe me preguntan cuantas libras, y acierto. Busqué, quise. Es que ahí hay algo, y por eso hoy callamos. Acá las once, allá las nueve, te busqué en el mapa. Supimos hablar. Me dijiste de donde, y yo a que. Hablé, hablé, hablé, lloraste. Me diste consuelo, me devolviste un poco de paz. Hay acá en el medio algo tímido que se gestiona, como esa caminata en Humauaca, después de la noche de Tilcara, después de la caminata en Purmamarca, tierra de siete y más colores, antes del adiós, que no existe. Henos aquí, ahora. Vos allá, ella por ahí, una que se mueve y la otra que está a punto. Vaya a saber cuantas, cuantas personalidades albergo, y sin embargo todas en simple comunión, esperanza. Vida cierta que quiere manifestarse, y yo sólo la transito, y la quiero. Porque eso es lo que toco, de lo que se aprende. ¿Para que querer manejar un barco? que ya tiene dirección propia, que ya sabe donde va porque ya estuvo ahí. Arriba, queriendo. Dando, y amar.
Empieza a sonar este loco, aunque viene uno de antes, de abajo, del principio. Por tiempo ¿Habré sido yo?, fuera, o no, es lo mismo. Si al fin somos todos. Por eso pudimos tanto sentir sobre la arena, aquella magia, que hoy se rompe, y se pierde. Esa caminata lunar, el océano crujiendo, nosotros muriendo de amor en la carpa. Deshaciéndonos a pedazos, eso, haciéndonos fuertes. Queriendo. Buscando y riendo, admitiendo que todavía es gratis, y se puede. Siempre, siempre. Claro que sí.
Montevideo, veintitrés. A veces ni miré la hora, días y días y días de vida que se van acumulando y quieren hacerse canción, letra. Quieren salir a seguir viviendo y no apagarse en el olvido, ese lugar que quizá ahora ocupes vos. ¿Que será de mi cuando salgas?, ya sabes que no hago suposiciones.
La alegría de mamá hoy fue ese zapallo. Bah, tres. No existen las casualidades coincidimos mientras trabajábamos eso que es tan nuestro, y tan bien nos hace. La tierra, el alma. Me dijo que nacieron tres, como nosotros, y que todo es así para ella, las flores, sus plantas.
Será que si, se va.. a seguir otro trazo, otro rumbo. A hacerse caso y dormir lo que corresponde, o quizá ir a otro lado, viviendo.
Luz, luces, canciones y miradas. Todo trae este mes que completo se arma, cada día, a cada encuentro. Va a ser mañana otro día, va a ser un ser. A nacer otro, a cada minuto, cada instante.
viernes, 19 de diciembre de 2014
voz de madera
Listo, ya está. Fue. Al menos eso parece.
Que raro que ya no me interese Cuba, ni lo que pasa en mi propio país. Agradezco ya no soportar ni medio segundo de tele, de radio. Es todo yo. Calle, luz, sol, vida. Caminar y respirar el aire del río de la plata, que me deslumbra ne la rambla, cerca de ese lugar dónde supe vivir, ¿fue vida?, pues claro, siempre es. Hoy toca euforia, placer, romperse, de nuevo. Esta vuelta a Montevideo cada vez más se completa.
Libros, hermanos, todo. Absolutamente todo. Todo lo que uno necesita para estar bien, liviano, en paz.
Quizá estas letras sean sólo para largar esta euforia que me invade a las nueve de la mañana, desde las seis. O un poco antes incluso.
Voy a buscar el día, como ayer, y pasado. Como en un futuro no claro que todavía no existe, porque aún no estoy ahí. Es eso, estoy acá, ahora. ¿Existe algo más acaso?.
Que raro que ya no me interese Cuba, ni lo que pasa en mi propio país. Agradezco ya no soportar ni medio segundo de tele, de radio. Es todo yo. Calle, luz, sol, vida. Caminar y respirar el aire del río de la plata, que me deslumbra ne la rambla, cerca de ese lugar dónde supe vivir, ¿fue vida?, pues claro, siempre es. Hoy toca euforia, placer, romperse, de nuevo. Esta vuelta a Montevideo cada vez más se completa.
Libros, hermanos, todo. Absolutamente todo. Todo lo que uno necesita para estar bien, liviano, en paz.
Quizá estas letras sean sólo para largar esta euforia que me invade a las nueve de la mañana, desde las seis. O un poco antes incluso.
Voy a buscar el día, como ayer, y pasado. Como en un futuro no claro que todavía no existe, porque aún no estoy ahí. Es eso, estoy acá, ahora. ¿Existe algo más acaso?.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Montevideo
Sos eme de mujer
y mar de vida.
Montevideo querida.
Tu sol hace que las hojas brillen,
tus pájaros cantan,
tu verde brota.
Tu aire es distinto
tu música,
es calma.
Tus calles me llevan
a un palacio dorado
donde giro y giro.
Sos muchos nombres,
vos sos todas.
Caminarte es placer puro,
divino.
Sos eme de mujer
y mar de vida.
Montevideo querida.
Me das lo que busco,
lo que espero,
lo que quiero,
lo que necesito.
Me traes a mí mismo.
En tus bares,
tus esquinas.
Que no se apague nunca tu brillo,
tu esperanza.
Que nunca se lleven tu paz,
ni tus plazas.
Vos esperame que siempre vuelvo
a tu vientre,
a tu abrazo.
Sos eme de mujer
y mar de vida.
Montevideo querida.
domingo, 14 de diciembre de 2014
naranjo en flor, de vida.
Froto mis manos, respiro. Me acomodo. Me rasco un poco,
mientras siguen cayendo letras. Desde que salí de allá, de casa. Hoy manejé,
mucho, pero bueno. Tengo ese té verde
vida, mixto, con algo de miel, con todo de sol. El cuerpo me pide ir a dormir
desde hace dos días, yo no he parado. Que un lado otro, hermanos de sangre, de
vida. De todas partes vienen. Canciones, dibujos, todo. Hasta yo, vengo, voy.
Parto hacia mí, y no hacia ti.
Montevideo, veintitrés. Te escribí un poema. Los nombres de
las calles me dicen a veces que lugares visitar, donde voy. Yo me dejo llevar, floto. ¡¿Por
qué habría de hacer otra cosa?!
Saliste con una mochila cargada de sueños, de vida. De
ilusión. De vos. Saliste tan tuya, como fuiste mía, aquella noche de casi luna
llena. Siempre. Y eso que tus tantas caras me dicen a quien le tengo que
hablar, cuando te vea te explico. Hablaremos horas, lo sé. Iremos a comprar vino,
fumaremos el tiempo, nos vamos a sentar escuchando el mar, con los pies en la
arena. Quizá si la próxima vez, veremos la luna llena juntos.
Orión está en todos lados, nos miramos. Me sigue. Desde el Amazonas,
hasta Bolivia, o en mi casa. El tipo da vueltas, se zambulle, baila, como
todos.
Pienso en vos también, que de casualidad estás volviendo.
Vos que me diste espacios en blancos, que lleno de letras y tinta. Cuando me
busco, o quiero seguir en pleno vuelo. En que capaz me quieres un poco, y que tienes
que sacarte ese peso de la espalda. Como todos. Reías, con tus grandes dientes, tus ojos así,
tu pelo corto. Reías y suspirabas por mi estado. Mi impecable deplorencia, ¿o
deploralidad?. Las palabras inventadas suenan lindo. Así como tu voz.
Viajo en este universo binario que escribe con unos, con
ceros. No escribe de unos, sino de mí. De eso sí que sabe, y agatas. Lunfardo,
viejo y querido. Apenas sabe de mí, con penas que nunca existen y las acepto.
Ahí vuelan, y se convierten en luz, en materia, en aprendizaje. Me metí en esa
facultad de psicología, escuche palabras raras, poemas, cuentos. Me di cuenta
que sí, como ahora, como hace un rato, y reí. Río, río, y río. Nada mejor que
hacer. Estimula, acompaña.
Cambiar la mirada de esos ojos por la apariencia. Que de
temor se afligen, y quizá luego entiendan que es sólo mirar a otros pares, y
amar. Sólo eso.
Se palpa ese viaje que viene, y me hace sentir cosas, que ya
veré luego.
Ahora es tiempo de hacer, de seguir haciendo. Luz, vida.
Comparsa candombe de amor. Jueves. Vino.
domingo, 7 de diciembre de 2014
nunca me alcanza, ¿y qué?
Llego de tus horas. Siete y media de la mañana. Planté un árbol de cedrón, canté por todos lados, en mi pueblo. La plaza, el salón, el bar. Alguna charla despacio y reconociendo. Los pibes se asinceran, se entregan. Se dan al placer del tinto o del fernet, y se dejan ser.
Al final yo, vuelvo. Esa pieza que falta soldar y sé que se arregla, ese loco chito que me puede dar la clave. Ese viejo que al final hoy no fue y no pintó, literal.
Ese pedazo de mí que fue nadando y ganó dos veces, y en la primera no aguantó la ansiedad, y se dio vuelta.
Esas pedidas para cantar, ese Finca Traversa que desapareció en la cuneta, esas gracias, ese silencio, ese te quiero. Esa servilleta que yo no sé si tendrá efecto.
El corazón - omm- late un poco más fuerte, se escuchó la garrafa, el pueblo se calla un poco y yo pude decir. Esa prima de la que nunca supe y hoy fue un viaje. Va a ser mamá, contenta me lo dijo. Fue su otra madre que en el cielo se esparce, y le mando ese retazo de vida, que ella dejo.
Vos me hablas ahora con otro nombre, igual me duele, Un poco. Cau adiós a todo aquello que ya no me interesa nombrar.
Es plena luz del día, es claro.
Ya poco me interesa lo que me digas, lo que quieras. Me duele tan poco leerte. Ese silencio de pueblo que tiro un: -nos sorprendiste-. de Caracoch.
Mejor andar sólo, y que tu nombre ya no me duela ahora. Los ojos se cierran, queda una carta por escribir, sigo saliendo.
OLvidate, ya no existe. Ni nada, ni vos. Se muere de a poco, cumple su ciclo.
Al final yo, vuelvo. Esa pieza que falta soldar y sé que se arregla, ese loco chito que me puede dar la clave. Ese viejo que al final hoy no fue y no pintó, literal.
Ese pedazo de mí que fue nadando y ganó dos veces, y en la primera no aguantó la ansiedad, y se dio vuelta.
Esas pedidas para cantar, ese Finca Traversa que desapareció en la cuneta, esas gracias, ese silencio, ese te quiero. Esa servilleta que yo no sé si tendrá efecto.
El corazón - omm- late un poco más fuerte, se escuchó la garrafa, el pueblo se calla un poco y yo pude decir. Esa prima de la que nunca supe y hoy fue un viaje. Va a ser mamá, contenta me lo dijo. Fue su otra madre que en el cielo se esparce, y le mando ese retazo de vida, que ella dejo.
Vos me hablas ahora con otro nombre, igual me duele, Un poco. Cau adiós a todo aquello que ya no me interesa nombrar.
Es plena luz del día, es claro.
Ya poco me interesa lo que me digas, lo que quieras. Me duele tan poco leerte. Ese silencio de pueblo que tiro un: -nos sorprendiste-. de Caracoch.
Mejor andar sólo, y que tu nombre ya no me duela ahora. Los ojos se cierran, queda una carta por escribir, sigo saliendo.
OLvidate, ya no existe. Ni nada, ni vos. Se muere de a poco, cumple su ciclo.
viernes, 5 de diciembre de 2014
y limpios
Empieza de nuevo ese punteo. Lo que duran dos peces de hielo en un -whisky on the rocks-. Como un perro de nadie, me mareo. El corazón en los huesos, y yo de rodillas.
Algún día te vas a ir, como este zumbido, que me atrofia, a las cuatro de la mañana. ¿Que haces?, ¿en que andas ahora?, ¿se supone debo imaginar que hoy es viernes, y tu nombre duele más un poco?.
Sos el tango, Buenos Aires. Me abandonaste. Me dejaste quieto ahí en tu casa, en tu cama, tres días. Mala. Incierta. No te animaste a venir a decirme, y eso que yo te dije hasta lo que no sabía.
Cambia la canción, sigue ese zumbido inhóspito. Como te sigo una co, te digo la otra. Jesús, el primer comunista.
Chau adiós, Montevideo. Tan querida y tan lejana.
Algún día te vas a ir, como este zumbido, que me atrofia, a las cuatro de la mañana. ¿Que haces?, ¿en que andas ahora?, ¿se supone debo imaginar que hoy es viernes, y tu nombre duele más un poco?.
Sos el tango, Buenos Aires. Me abandonaste. Me dejaste quieto ahí en tu casa, en tu cama, tres días. Mala. Incierta. No te animaste a venir a decirme, y eso que yo te dije hasta lo que no sabía.
Cambia la canción, sigue ese zumbido inhóspito. Como te sigo una co, te digo la otra. Jesús, el primer comunista.
Chau adiós, Montevideo. Tan querida y tan lejana.
jueves, 4 de diciembre de 2014
templeom
Creo que al fin si, por lo menos por ahora. Esas ganas vienen a mí. Ya no de salir corriendo a tu casa, a tu colchón, por más que suene raro escribirlo. ¿Será que cuando vuelva del bar me arrepienta de eso?.
Al fin, eso. Ese punto donde olvide mis lentes, y ya ni siquiera me pregunto donde buscarlos. Esos dedos que se mueven en solos y de repente ya saben dónde ponerse, y que letra escribir. Esa cosa que viene de arriba y no procesa, no mira.
Mi hermana se despertó, no sé si pude predecir eso. Me imaginé que tal vez durmiera, y yo no apretara tantas teclas al mismo tiempo. Fuiste, lo sé. Esa luna que alumbra camino ya no te dice, no te trae. Igual la miro poco, todavía. No vaya a ser cosa que te traiga de golpe, y me tumbe. De nuevo.
Voy y vengo de a ratos en ese viaje -¿esculinario?-. Un tipo que llego de camisa y cantando murga, con barba blanca, saludando perros. Diciendo el estado que declaraba, que se dejaba ser. Queriendo olvidar esa sonrisa en dos ruedas que se fue al cielo, creo. ¿Habrá decidido ella misma?, ¿o se la llevaron, sin preguntar?. No tengo las cuentas bien claras, sé que de repente debo diez, a alguien.
Esa guiñada que llego en el medio de una charla iluso, de un corazón divitorio.
Puedo seguir, puedo explayar, Puedo tocar hasta que se acalambren las manos, como ya lo he hecho.
Ahora prefiero partir, y dormir algún día. Eso que me hacía falta mientras no llegabas, y yo veo eso momento que quizá soñé, y es ahora.
Al fin, eso. Ese punto donde olvide mis lentes, y ya ni siquiera me pregunto donde buscarlos. Esos dedos que se mueven en solos y de repente ya saben dónde ponerse, y que letra escribir. Esa cosa que viene de arriba y no procesa, no mira.
Mi hermana se despertó, no sé si pude predecir eso. Me imaginé que tal vez durmiera, y yo no apretara tantas teclas al mismo tiempo. Fuiste, lo sé. Esa luna que alumbra camino ya no te dice, no te trae. Igual la miro poco, todavía. No vaya a ser cosa que te traiga de golpe, y me tumbe. De nuevo.
Voy y vengo de a ratos en ese viaje -¿esculinario?-. Un tipo que llego de camisa y cantando murga, con barba blanca, saludando perros. Diciendo el estado que declaraba, que se dejaba ser. Queriendo olvidar esa sonrisa en dos ruedas que se fue al cielo, creo. ¿Habrá decidido ella misma?, ¿o se la llevaron, sin preguntar?. No tengo las cuentas bien claras, sé que de repente debo diez, a alguien.
Esa guiñada que llego en el medio de una charla iluso, de un corazón divitorio.
Puedo seguir, puedo explayar, Puedo tocar hasta que se acalambren las manos, como ya lo he hecho.
Ahora prefiero partir, y dormir algún día. Eso que me hacía falta mientras no llegabas, y yo veo eso momento que quizá soñé, y es ahora.
rock maravilla para todo el mundo- primer tiempo-
Creo que si, o no. ¿ O ya ni me acuerdo?. Este teclado vibra, ¿o soy yo?. Una frase y dos preguntas premeditadas, el resto viene, como todo. Improvisación, farsa, mentira. ¿No es al fin todo lo que nos venden?, bah, nos vendemos, a nosotros mismos. No somos al fin más que nuestra propia barrera. Que a veces se priva de amar, y de ahí el resto. Sin prosa, sin rima, sin risa. Con prisa corremos por los andenes fantasmales, por las ciudades, sin mirar, sin ver. Basta; ese grillerio constante nunca abomba. Seduce, atrapa. Te hace llegar, inercia.
¿Porque ya se me vienen esas ganas de hablar de vos?, no es que al fin quiero matarte, por ahora. Ya la luna poco te nombra, igual por las dudas no me atrevo a mirarla tanto. No sea cosa que te recuerde, y vuelva a ser mi martirio. Y me haga parar en alguna esquina, y me haga cantar para tener fuerza de entrar a ese bar donde todo alguna vez empezó. ¿Termino todo?, ¿será así que los ciclos se cumplen?, ¿que tan cierto es esto que decimos sentir, de que no se termina, todavía?, ¿es otra mentira?, ¿u otra excusa?, que usamos para alargar la agonía, y querernos un poco más todavía, si es que algo queda.
No te entiendo, ese es el drama. Vas venís, te veo. Tampoco me entiendo yo, claro. ¿Nos entenderemos en algún tiempo?, yo que sé de mí.. si a veces el cuerpo pide andar, a veces se siente un poco atado, y eso que hace tiempo que no tiene cadenas, y desde aquella noche se ató a vos. Sólo y sin decir nada cada noche me llevaba a tu casa, me hacía terminar contigo. Como aquella vez que me preguntaste que haría luego, y te respondí: -lo que sea, no sé. Lo único que sé es que hoy quiero terminar contigo-. Y me miraste, ya todo se confunde. ¿Habrá sido esa noche en la que abriste los ojos y me mostraste el mundo?. Eso que abriste, que tocaste, e hizo que la mano fuera más rápido, que vinieran canciones, cambió el color. Aquel día que dejaste la isla, el verde ya no era tan vida. Era un poco más seco, le faltaba ese tono real que vos le diste a todo, y a mí.
Dejo espacio, sé que hoy hay segundo tiempo...
¿Porque ya se me vienen esas ganas de hablar de vos?, no es que al fin quiero matarte, por ahora. Ya la luna poco te nombra, igual por las dudas no me atrevo a mirarla tanto. No sea cosa que te recuerde, y vuelva a ser mi martirio. Y me haga parar en alguna esquina, y me haga cantar para tener fuerza de entrar a ese bar donde todo alguna vez empezó. ¿Termino todo?, ¿será así que los ciclos se cumplen?, ¿que tan cierto es esto que decimos sentir, de que no se termina, todavía?, ¿es otra mentira?, ¿u otra excusa?, que usamos para alargar la agonía, y querernos un poco más todavía, si es que algo queda.
No te entiendo, ese es el drama. Vas venís, te veo. Tampoco me entiendo yo, claro. ¿Nos entenderemos en algún tiempo?, yo que sé de mí.. si a veces el cuerpo pide andar, a veces se siente un poco atado, y eso que hace tiempo que no tiene cadenas, y desde aquella noche se ató a vos. Sólo y sin decir nada cada noche me llevaba a tu casa, me hacía terminar contigo. Como aquella vez que me preguntaste que haría luego, y te respondí: -lo que sea, no sé. Lo único que sé es que hoy quiero terminar contigo-. Y me miraste, ya todo se confunde. ¿Habrá sido esa noche en la que abriste los ojos y me mostraste el mundo?. Eso que abriste, que tocaste, e hizo que la mano fuera más rápido, que vinieran canciones, cambió el color. Aquel día que dejaste la isla, el verde ya no era tan vida. Era un poco más seco, le faltaba ese tono real que vos le diste a todo, y a mí.
Dejo espacio, sé que hoy hay segundo tiempo...
martes, 2 de diciembre de 2014
aplausos
Todo cambia y florece y se abomba. Todavía no puedo dormir, ¿será que tenía que hacer esto ahora?. Quizá unos cinco minutos que ya no estás, te escapaste, de nuevo. Suerte que ya la luna no me dice tu nombre, ni mis letras te traen tanto.
Vuelvo a casa, estoy. Veo a los míos, felices, contentos. Vuelvo y como dijo algún filósofo griego nunca el río es el mismo, ni uno. Todo fluye, constantemente. Vuelvo con canciones, letras, melodías, con paz. Más todavía. Vuelvo con encuentros, hermanos. Vuelvo con personas que juntan varios nombres, y varias facetas. Vuelvo un poco más yo todavía.
Que dicen estoy sólo siempre por vos dice Mateo, que de seguro luego diga -uh, que macana, sabes bien que muero pensando en ti, que mi vida es nada sin ti-; ese disco de este tipo que sólo bien se lame, que tanto me ayudo esos días cuando el vino era anestesia, el sonido virtual del mar a dormir me ayudaba, y cada ruido de llaves o pasos por la escalera me despertaban, de un sueño liviano, muy liviano. El valor para irme, eso es lo que junte. Las ganas de escucharme, y aceptar lo que ya sabía, que incluso me dije cuando volvía a entrar a esa ciudad por segunda vez, en ese estado de casi éxtasis confuso.
Esa vez en la que escape a correr, y sin rumbo cierto al dar cuenta termino en la estación de trenes, ¿me tengo que ir?, le pregunté al cielo de Córdoba que se dejaba ver con todas las estrellas que las luces no apagaban -ya entendí, no me digas nada- dije al instante. Y obstinado me quedé. Por sentir tus ojos, a vos toda entera. Para sólo tener un poco más de eso que al final, no apareció. Como vos. Por tres días. -Que pena que no me duela tu nombre ahora, que pena que no me duela el dolor. Alfredo y sus penas, sus Zambas por vos que todavía un poco te lloran. Son tipos que aman, que se atreven. Ahí en el pozo de la desidia germinan ganas de crear, ahí reconocernos es suficiente, es empezar a cambiarnos, dice un pelado que se reconoce como un ladrón.
Kamikaze, y este corrector lo subraya. -Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro- dice un flaco sub-realista que nunca escucho, y hoy viene llegando, a través de vos. Que tenés una y mil caras, ¿te lo dije ya?, si claro. Creo. Me traes nombres, de esos que fueron pasando y quizá hoy me de cuenta de cuanta cosa dejaron. Paula, Juliana, Sofía. Tu inocencia, tus ganas de amar y ser amada. Ese amor que me diste, cuando casi era luna llena, y no entraste al Paraná. Fumamos, tomamos vino. Todo amor. Letras, palabras, poesía. Escribiste. Siempre, siempre. Dejaste palabras que marcaron, me sorprendieron.
Suenan los grillos, y el río secará para callar.
Un poco de Flavia tal vez, algo de Eliana, y todo de vos. Ese caminar suave, reconociendo la arena, explorando tanto el lugar como a vos misma. Que te vas conociendo, y sos una bomba de energía a punto de salir a descubrir el mundo, y a vos misma. A ver si eso que sentís es cierto, si se puede.
Apago la luz. Cada vez mis ojos me piden menos fuego artificial, y más sol. Mi cuerpo. Que me despierta a las cuatro y media de la mañana, y me hace andar. Ver salir el sol, despertar todo mi cuerpo, adentro y afuera. Mañanas de tocar la tierra con las manos y los pies, plantar lo que como, de música con hermanos. De verme a mi, como podría ser en años, en otros cuerpos, en otras formas. Ver lo que decía que quería ser cuando fuese grande, yo que todavía sigo siendo un niño.
Vos fuiste cambiando en la noche. La luna, a una noche de ser llena, te fue iluminando y vos te desarmabas de a poco, liberabas, te dejabas ser. El humo se corría para mostrarme todos tus rostros. Tus gestos. Me traías tanto, que no sé. Seguro te conozco, de algún lado. De otro tiempo. De una vida cerca, anterior, o de la que viene. Seguro nos volvamos a encontrar, seguro. A veces pienso cuan libre serás cuando vuelva a verte, cuantas cosas que morís por ver ahora te encontraste, y te convenciste, de que salir era lo mejor que había.
Viene ahora esa necesidad de etiquetar, de poner nombre, porque parece que quiero salirme, y no sé si quiero. Eso que alguien le dijo al enano que cada vez que se siente a escribir valga la pena, y quizá eso sea lo que ahora me detenga. Ya dejé lo que hoy quería salir afuera, que ahora me va a seguir sonando, y van a seguir cayendo las frases, las letras, las melodías. Todo el amor. Que hace de cada día un mundo nuevo por descubrir, por andar, que agradezco al terminar, porque trae todo lo que es bueno, todo lo que necesito, para sentir esa sensación de completo. Esa sensación de éxtasis, que me acompaña al dormir. Y me mete en sueños, y me hace despertar en ellos, y volar.
Así como Elías y ese encuentro que los dos necesitábamos, días de gracia, de gracias. De amor. De dos hermanos que buscan y se buscan. Que quieren, Como vos, como yo, como todos.
¿Cómo flaco, no te entendí?.
Trepen a los techos, ya llega la aurora.
Vuelvo a casa, estoy. Veo a los míos, felices, contentos. Vuelvo y como dijo algún filósofo griego nunca el río es el mismo, ni uno. Todo fluye, constantemente. Vuelvo con canciones, letras, melodías, con paz. Más todavía. Vuelvo con encuentros, hermanos. Vuelvo con personas que juntan varios nombres, y varias facetas. Vuelvo un poco más yo todavía.
Que dicen estoy sólo siempre por vos dice Mateo, que de seguro luego diga -uh, que macana, sabes bien que muero pensando en ti, que mi vida es nada sin ti-; ese disco de este tipo que sólo bien se lame, que tanto me ayudo esos días cuando el vino era anestesia, el sonido virtual del mar a dormir me ayudaba, y cada ruido de llaves o pasos por la escalera me despertaban, de un sueño liviano, muy liviano. El valor para irme, eso es lo que junte. Las ganas de escucharme, y aceptar lo que ya sabía, que incluso me dije cuando volvía a entrar a esa ciudad por segunda vez, en ese estado de casi éxtasis confuso.
Esa vez en la que escape a correr, y sin rumbo cierto al dar cuenta termino en la estación de trenes, ¿me tengo que ir?, le pregunté al cielo de Córdoba que se dejaba ver con todas las estrellas que las luces no apagaban -ya entendí, no me digas nada- dije al instante. Y obstinado me quedé. Por sentir tus ojos, a vos toda entera. Para sólo tener un poco más de eso que al final, no apareció. Como vos. Por tres días. -Que pena que no me duela tu nombre ahora, que pena que no me duela el dolor. Alfredo y sus penas, sus Zambas por vos que todavía un poco te lloran. Son tipos que aman, que se atreven. Ahí en el pozo de la desidia germinan ganas de crear, ahí reconocernos es suficiente, es empezar a cambiarnos, dice un pelado que se reconoce como un ladrón.
Kamikaze, y este corrector lo subraya. -Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro- dice un flaco sub-realista que nunca escucho, y hoy viene llegando, a través de vos. Que tenés una y mil caras, ¿te lo dije ya?, si claro. Creo. Me traes nombres, de esos que fueron pasando y quizá hoy me de cuenta de cuanta cosa dejaron. Paula, Juliana, Sofía. Tu inocencia, tus ganas de amar y ser amada. Ese amor que me diste, cuando casi era luna llena, y no entraste al Paraná. Fumamos, tomamos vino. Todo amor. Letras, palabras, poesía. Escribiste. Siempre, siempre. Dejaste palabras que marcaron, me sorprendieron.
Suenan los grillos, y el río secará para callar.
Un poco de Flavia tal vez, algo de Eliana, y todo de vos. Ese caminar suave, reconociendo la arena, explorando tanto el lugar como a vos misma. Que te vas conociendo, y sos una bomba de energía a punto de salir a descubrir el mundo, y a vos misma. A ver si eso que sentís es cierto, si se puede.
Apago la luz. Cada vez mis ojos me piden menos fuego artificial, y más sol. Mi cuerpo. Que me despierta a las cuatro y media de la mañana, y me hace andar. Ver salir el sol, despertar todo mi cuerpo, adentro y afuera. Mañanas de tocar la tierra con las manos y los pies, plantar lo que como, de música con hermanos. De verme a mi, como podría ser en años, en otros cuerpos, en otras formas. Ver lo que decía que quería ser cuando fuese grande, yo que todavía sigo siendo un niño.
Vos fuiste cambiando en la noche. La luna, a una noche de ser llena, te fue iluminando y vos te desarmabas de a poco, liberabas, te dejabas ser. El humo se corría para mostrarme todos tus rostros. Tus gestos. Me traías tanto, que no sé. Seguro te conozco, de algún lado. De otro tiempo. De una vida cerca, anterior, o de la que viene. Seguro nos volvamos a encontrar, seguro. A veces pienso cuan libre serás cuando vuelva a verte, cuantas cosas que morís por ver ahora te encontraste, y te convenciste, de que salir era lo mejor que había.
Viene ahora esa necesidad de etiquetar, de poner nombre, porque parece que quiero salirme, y no sé si quiero. Eso que alguien le dijo al enano que cada vez que se siente a escribir valga la pena, y quizá eso sea lo que ahora me detenga. Ya dejé lo que hoy quería salir afuera, que ahora me va a seguir sonando, y van a seguir cayendo las frases, las letras, las melodías. Todo el amor. Que hace de cada día un mundo nuevo por descubrir, por andar, que agradezco al terminar, porque trae todo lo que es bueno, todo lo que necesito, para sentir esa sensación de completo. Esa sensación de éxtasis, que me acompaña al dormir. Y me mete en sueños, y me hace despertar en ellos, y volar.
Así como Elías y ese encuentro que los dos necesitábamos, días de gracia, de gracias. De amor. De dos hermanos que buscan y se buscan. Que quieren, Como vos, como yo, como todos.
¿Cómo flaco, no te entendí?.
Trepen a los techos, ya llega la aurora.
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