Quiero que te vayas, que camines vos por tu lado, y yo por el mío, capaz algún día otro carnaval nos encuentra. Quiero, quiero: ¿no di cuenta yo que al final no es lo que quiero?, sino lo que sucede, y aceptarlo. Fue así al fin como me aliviaste, así entendí, y conseguí dormir, después de aquellos tres días de espera, mortales.
No sé si todavía recuerde tu voz, creo mi memoria la guardó.
Tu jeito, tu andar. Como venías flotando por entre las mesas aquella noche de Córdoba, de calor, adentro y afuera de tu casa.
De repente soy un niño, bah, siempre. Que ahora espera tu consuelo, y palabras que no cree al leer, ni al escucharlas ya. Fue tanto. Tanto. Tanto dicho y caricia que quedó en el aire, en aquel pozo al que daba nuestra ventana, fue nuestra, si, un tiempo. El tiempo que pude estar ahí, que aguanté. Ya sabíamos los dos, lo que iba a pasar, lo que nos esperaba. El destino de ese amor suelto que tenemos, de a ratos. ¿Cuando te sirve?, que egoísta, si, vos y yo.
Desesperado par de desesperados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dedos en teclas y corazón en el pecho: ¡Vuele!, ¡diga pues!