viernes, 14 de agosto de 2015

esperando firme, no sea revancha

No voy a decirte nada que no pueda, pues no puedo. No voy a decirte nada que no deba, pues no debo. No voy a decirte nada, punto. Ya no quiero seguir queriendo algo que no quiero, que no me atrapa, que no me llena, que sólo duele, a veces. Mejor seguir ese camino conocido de vuelta a casa esperando encontrarme con eso que dejé mientras llegaba, y que deja su rastro en mí, para que recuerde, y viva, de nuevo.
¿Te das cuenta?, al final la humedad nos maltrata y el calor se hace desear. Aquel tiempo de primavera cuando el frío desaparecía a los pies de tu cama, y vos, y vos, quien sabe donde, cuando, porqué. Quien sabe. Ni vos creo. Ni vos ni yo sabemos y con eso alcanza.

Todo parece irse viendo otra vez en movimiento, algunas teclas llevan a ese mismo lugar donde hay una sola luz aparente, y hay miles por descubrir. Donde suenan los pasos y sólo se escucha el sonido del mar. Esa voz incesante que cruje y nunca para, no cede. No da lugar al vacilo, a la duda, a la extinción. No duda en querer abrazarte, tal como hacíamos vos y yo allá en aquel calor fingido que nunca volvió a ser.

A veces sólo espero que las letras vengan solas, a veces sólo escribo para poder sangrar y al fin de una vez sacarte, cuando doy nota que ahora mismo tengo ese poder. Ropa sucia afuera. Ahora mismo. Y todo se vuelve canción, como siempre, de a ratos difícil de cantar. No se adivina. No se sabe. No me quiere decir nada pues no sé, grita, gime, se estruja y  se arrepiente tal vez de no haberte acompañada cuando pediste, cuando llorabas. Y yo feliz de tus lamentos. De tu querer. Confundido. Sin saber que hacer o a donde ir a las seis de la mañana, casi. Casi como siempre, siempre como nunca. Como casi nunca siempre sin saber, sin saber. ¿ Y vos sabes algo?, ¿qué decís?, ¿que me vas a contar hoy, para volver a enamorarme?. Como explicarte que no entiendo porque me querés, si yo no te quiero, no te puedo entender. No es hora de llegar de nueva al centro de otro corazón que no sea el de ella. El tuyo. Ni el mío. El de nadie. Es momento de vagar y perderse, para encontrarse. Es momento de soltar las letras para que venga la fluidez del contenido y la esperanza, la vida. Celebrar la emoción de sentirse aquí y ahora, llegando. Habiendo escuchado tanta cosa, habiendo hablado tan poco y tanto sin querer, sin decir. Sin decir.

Ahí vas, suelta, inconclusa. Igual que yo. Tal estas letras ahora, que sólo quieren redimirse, pero no volver atrás. Nunca. Lo que pasó pasó y con eso basta para emprender camino sin vuelta aparente, a vos por lo menos. Vaya a saber si andarás amando, Vaya a saber. Vaya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dedos en teclas y corazón en el pecho: ¡Vuele!, ¡diga pues!