domingo, 26 de julio de 2015

me vi metido, en los pantalones, de Carlitos rey.


Respirando. Tacto.Pulso.Dirección. Todo se apunta, se dispara, se pregunta. Va despacio arrancando sin saber a donde ir, lo que busca, sin querer saber lo que pasa. Sólo ir. Porque no sabe donde va, y eso está bueno. Cambia todo, se dispersa, se pregunta, se inquieta. Sos vos o yo. Ese yo que para algunos es el Atmán, el ser superior. Siempre está callado, siempre pregunta, siempre intercede en ese despertar que nunca es inquieto, siempre es frágil.

Nadie sabe donde va, lo que quiere, lo que sabe. Yo sólo sé que no sé. Yo sólo. Allá, sin vos, ni nadie. Te busco y no te encuentro. Dolés, todavía. Sos esa herida abierta, ese.. apareces en cada conversación, en una y mil formas. Sos vos, que soso yo. Siempre lo mismo.

No te atreviste a mirar, esta tarde, hoy. Te dejaste llevar por el resto y te dominaron, ya no más aquellos ojos de labios rojos, de aro en la nariz, de suave perfume, imagino.
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Volver. Más. Menos. Siempre. Vacilan las luces, y no se ve muy bien que pesan, o está truncada la balanza. Junto al resto estas calles hablan distinto, muestran. Me sorprenden a las seis de la mañana, todavía en pie con una lucidez desconocida. Miran, con simulador. Entregando el toro por entrar al show. Se suele viajar en ese escarpijo ? ancestral, definitivo. Siendo un cretino precio social.


Volver al fin es eso. Volver y entender que pasa. Llegar al principio de tanto aquello. Las cosas cambian, ¿o será que no existen?, que se caen, se espantan, se pegan. Se enredan y no entienden para que seguir pegando.

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Si pienso, pienso, pienso. Puedo pensar. Todos los días y todas las horas. Puedo hilvanar mil y una conclusiones, equivocarme. Pretender saber el porque de aquello, de lo otro, de vos.
No, gracias.
Los ratos se tratan ahora de entender estos maremotos que azotan mi interior. Desahuciar - me. Querer salir y correr todos los días. Trancarme. Ya. Hoy mismo. Quedar estático. Inmóvil. Latiendo y nada más.

Entender y saber que: ¿que?, ¿decías?. Vos sólo hablas y nunca paras
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De repente soy lo que me pasa. Retorcido. Todo se vende, al mejor postor. Realice su propuesta por 63 hectáreas. Agua y fuego.  Al final de esa calle hay ahora dos luces. Y aún no vuelo. Intento caminar distintos lados a ver si aparecen otras soluciones, te reconozco. En cualquiera de tus formas, aun así estés allá. Todavía. Esperando. Queriendo. Sabiendo que algún día vas a ser eso, por otra cosa, que no sabes. No reconoces. Cuatro y media. Esa voz avisa. Me dice.  Delata la hora de esa otra realidad que sub-vive ahí, inquita, móvil. Deficiente. Alterna. De esa que yo no quiero saber mientras vuelvo por esas mismas calles que siempre.
El mar. Alta mar. ¿Será hora de ir adentro?, ¿de la otra costa?. Tal vez el norte esté pidiendo y vos al sur, contrario. Siempre. Siempre al revés vos inaudita. Inconclusa. Perdida. Vas viajando por ese otro universo hasta que nos encontremos bailando. Mientras desde la costa se ve continente, y vos no decías nada. Te dejabas querer nada más, cedías.
Punto y aparte. Allá vos y por donde andarás, quien sabe. Imagine uno lo que siente, lo que pasa, ¿para qué?, si no existe.

Me voy. Otra vez, de nuevo. Después de haberte visto en esos ojos marrones noche, con tanta luz que encandila. Vos misma. Tu risa del primer día. Suaves rasgueos de una guitarra que acompaña un ritmo dulce, cuerdo. Al revés que vos. Mentira. Es todo orgullo que diluye entre tanta oscura cosa que resurge de esos recuerdos entreverados de realidad pasada.  

¿Será que al fin todo es conversación y letra para terminar hoy así?. Veo. 

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